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Gastón Pauls: Un actor vive de lo que tiene en el corazón
 
 

El actor de Montaña rusa (1994), serie argentina de televisión proyectada en Cuba, Iluminados por el fuego (2002), Nueces para el amor (2000) y Nueve reinas (2000), llegó esta vez al Festival de La Habana como productor del documental sobre Fito Páez, Las manos al piano. A pesar de que desde 2004 dirige la Productora Rosstoc, confiesa que esto es lo primero cercano al cine que produce. «Aún no está terminado, es como un cuadro al que le faltan los últimos retoques, pero no queríamos perder la oportunidad de presentarlo en La Habana», confiesa.

«Al principio no teníamos bien claro lo que queríamos; pensamos primero en hacer tres programas de televisión; después comenzó a tomar la forma de cine pero ni tan siquiera sé si va a ser una película. Aún está inconcluso, le faltan muchas cosas por arreglar, pero si no era ahora entonces íbamos a tener que esperar al próximo Festival».

Es la sexta vez que Gastón Pauls visita nuestro país: le apasiona Cuba y hace el mayor esfuerzo cada año por participar en este evento. Cada vez que le vemos tiene una sonrisa, un beso y un gesto simpático para quienes le piden autógrafos o la oportunidad de tomarse una foto a su lado. Solo unos minutos de conversación bastan para descubrir el lado más sensible de su personalidad.

En los últimos años ha sido conductor de programas televisivos que cuentan historias de las personas más humildes de Argentina, Ser urbano y Humanos en el camino. Este último producido por Rosstoc. ¿Cuáles han sido sus experiencias con estos trabajos?

La experiencia de recorrer toda la Argentina para mí fue un crecimiento inmenso y un dolor muy grande, porque lo que uno ve es desgarrador. En muchas ocasiones las realidades pueden ser modificadas pero otras ya no. Vi cosas muy tristes y otras también muy hermosas, esperanzadoras. Me encantaría que los pudiéramos pasar aquí en La Habana, para que los cubanos conozcan la realidad argentina.

Estos encuentros me llevaron a formar una Fundación, en la cual le damos clases de pintura, teatro, música, escultura, fotografía, a niños que están en situación de riesgo por consumir drogas o andar en las calles. Los resultados han sido increíbles. Me interesa que los chicos de la Fundación puedan hacer cine, que puedan contarnos cómo ven a Argentina. Ellos, que vivieron en la calle y recibieron los golpes de una sociedad. Sería interesante ver qué nos dicen de la vida.

¿Cómo ha influido en su carrera artística este contacto con la realidad más dolorosa de su país?

Yo creo que un actor vive de lo que tiene en su corazón, en su alma, en su memoria y, vive de su bagaje emocional. Todo lo que he visto durante estos años me ha hecho crecer, sufrir, vivir. Y pienso que en el momento en que se enciende la cámara y dicen: ¡Acción!, lo que llevo adentro se convierte en una capacidad emocional mayor. Entonces solo debo encontrar el camino para transmitir lo que siento, lo que vi y conocí. Ahí esta el verdadero desafío del actor: poder compartir sus emociones con el público.

Después de haber tenido experiencias de esta índole, ¿cómo enfrenta personajes más relajantes, comerciales?

Incluso cuando hago humor en el programa Todos contra Juan, que está saliendo ahora en Argentina, cuento cosas terribles. Hablo de lo villano y fugaz que puede ser el éxito, de lo diabólico y salvaje que es a veces el público, que aplaude, reconoce y olvida, del egocentrismo y la vanidad de los actores. Trato de hacer algo comprometido con la sociedad; que aunque sea una comedia no sea reír por reír.

Usted pertenece a la primera generación argentina que creció luego de la restauración de la democracia. ¿Cómo ha influido la situación nacional en su formación artística?

Cuando terminó la dictadura militar en Argentina yo tenía 11 años. Aprendí a ser consciente de la libertad y de la misión de transmitirla a la mayor cantidad de gente posible. Creo en mi deber como actor, como ser humano. Lo que más me hizo entender la democracia es la responsabilidad de ser la voz de otros, de esos que ya no pueden hablar porque los silenciaron, mataron o desaparecieron. En Iluminados por el fuego, por ejemplo, mi cuerpo sirvió para representar a alguien que ya no está, o alguien que sufrió, se suicidó o huyó de la guerra y está en un psiquiátrico. Si la democracia es el gobierno del pueblo, entonces la actuación también tiene que ser la voz del pueblo. Así es como lo he entendido toda mi vida.

¿Qué significó Iluminados por el fuego en su carrera? (Al instante se estremece, se frota los brazos, dice que se le eriza la piel cada vez que piensa en la película).

Es muy difícil hablar de Iluminados por el fuego porque cada vez que me refiero a esta película aparecen las imágenes de personas que conocí, de familiares de chicos que murieron en la guerra o se suicidaron. Para mí es el mayor de los orgullos que he tenido hasta hoy como actor. Como dije antes, fui la voz de muchos que no la tienen ya. Sobre todo pude, como artista, poner un grano de arena en el lado de la balanza que quiere un mundo sin guerra. Apuesto por un mundo que no se calle, que diga lo que ve.

¿Considera que actualmente la producción cinematográfica en Latinoamérica es lente de la realidad social?

Siento que todavía hay algo que no estamos encontrando. Es muy difícil entender el mundo de hoy; es muy complejo porque no solo tiene que ver con la realidad latinoamericana sino con la realidad mundial. Es muy difícil decodificar lo que pasa en este mundo tan cambiante, que aparentemente involuciona, con más guerras, con una naturaleza que nos insulta por el mal que le hacemos. Constituye un desafío poder contar todo esto. Hay que profundizar más en el relato, ser más valientes. En Argentina hay realizadores valiosos pero el público es cómodo y siempre quiere ver lo más sencillo.

Gastón Pauls tiene en su haber más de 20 películas. ¿Tiene alguna fórmula que le permita mantenerse trabajando constantemente?

No sé si hay una fórmula, creo que la voy descubriendo a medida que avanzo en la vida, a veces de una mejor manera, otras el resultado de la película no es el esperado. Lo que sí puedo decir es que le pongo a todo mucho amor. Si tuviera que pensar en un factor común en todos mis proyectos sería el amor, la entrega, la seriedad con que hago cada trabajo. En ocasiones me falta técnica actoral o mejor trabajo con la voz, pero sé que le pongo mi corazón a cada personaje.

¿Qué significa el Festival de La Habana para usted?

Para mí es el festival más mágico que hay en el mundo. Hay algo aquí que no hay en otro país, que tiene que ver con la gente, con la pasión que el cubano tiene por el cine y la cultura, por la libertad, por Latinoamérica. Siempre es un orgullo llegar acá, y seguiré haciendo el mayor esfuerzo por venir siempre.

Por Ana Lidia García

 
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