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Otro viaje de José Ramón Nóvoa |
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Su figura se alza, grande e imponente, a la vez bonachona. Como todo eterno viajero y hombre de mundo, la conversación es un placer para José Ramón Nóvoa, uruguayo de nacimiento, latinoamericano de vocación y residencia. La cinta que propuso en la 31 edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, Un lugar lejano, pareciera distanciarse de su línea temática profundamente social.
El director de la multipremiada Sicario (1994), amante de revelar problemas cotidianos y profundos, siente que su última realización no rompe para nada con su trabajo anterior, solo lo complementa. Un lugar lejano se basa en un relato del escritor uruguayo Fernando Butazzoni y fue coproducido por Venezuela —país en el que vive Nóvoa—, Argentina y España. En esta cinta, las brújulas del consolidado director siguen apuntando al encuentro con el ser humano y la esencia de la vida, pero desde una óptica intimista y existencial.
¿Qué aspecto del cuento de Fernando Butazzoni le llamó más la atención para iniciar el proyecto de Un lugar lejano?
La situación del personaje protagónico. Trata sobre un artista que, en un momento de su vida, hace un balance de lo que ha hecho, y si ha sido satisfactorio. En un punto culminante de su carrera, un fotógrafo descubre que padece una enfermedad incurable, y comienza a soñar con una foto que nunca hizo. Esa imagen lo asalta, lo perturba, y hace un viaje hacia la Patagonia profunda, y también hacia sí mismo.
Fernando me envió un pequeño cuento y sobre esa base desarrollamos el guión. Fue muy interesante porque se dio un fenómeno a la inversa: después que hicimos el guión, Butazzoni escribió una novela sobre el mismo tema.
Su película explora la tensión naturaleza, ser humano y civilización. ¿Cuáles son, entre otras, sus ideas sobre este tema?
Formamos parte de una sociedad que se ciñe por fronteras, pero debería ser abierta, plural, y que, en definitiva, nos construya como civilización. Tenemos el gran compromiso de dejarle a la generación que viene un mundo mejor. Vamos perdiendo en esa batalla. Un taximetrista en Buenos Aire me contó: «Mi hija estaba viendo la televisión y me decía: “Papá, ¿qué están haciendo con el mundo?, ¿qué me van a dejar a mí para cuando sea grande?”». Me dio la sensación de que descuidamos la naturaleza, la sociedad, la gente. El mundo está explosivo. La cultura y la creación juegan un rol fundamental en este compromiso, para hacer llamados y señalar que hay cosas que deberían ser mejores. Al mostrarlas, estamos haciendo algo para cambiarlas.
Las tomas de los paisajes típicos de la Patagonia marcan el filme. ¿En qué tecnología se apoyó para llevar a la pantalla la magnitud de esa belleza natural?
La naturaleza juega un rol muy importante, y queríamos filmarla en Panavision, una tecnología muy exclusiva y de alta calidad. Panavision no vende sus cámaras, solo las alquilan. Ellos se interesaron en el guión y se vincularon a la producción del filme. Esta fue la primera película realizada en Venezuela que empleó estas cámaras. También queríamos hacerla en scope, en pantalla grande. La filmamos en súper 35 milímetros y se trabajó como se hacía hace algunos años: todo cinematográficamente. Mis dos películas anteriores se hicieron en digital, y produje la primera película digital hecha en Venezuela, en el 2004. Creo en el cambio hacia el digital, pero también tuvimos mucha satisfacción al usar estos equipos. Con esas cámaras se logra un nivel increíble de nitidez.
El viaje es un tema recurrente y un punto de giro en los personajes de sus obras. ¿Qué significa para José Ramón Nóvoa este concepto tan literario y cinematográfico?
Soy un emigrante por naturaleza y, al mismo tiempo, alguien que ha aprendido a sentir que su patria es el mundo y no solamente un pequeño sitio. Sé muy bien de dónde vengo y lo que soy, pero formo parte de este grupo de gente que ha tenido que viajar de un lado para otro, emigrar, recomenzar, entender nuevas culturas, tratar de adaptarse a ellas... En ese deambular he encontrado el camino de alguien que se siente profundamente latinoamericano: viva en Venezuela, Uruguay, Chile… El viaje es para mí búsqueda y encuentro, pero sobre todo encuentro.
«La realidad hay que asirla como es; el papel nuestro es transmitirla a los demás de tal manera que puedan ver más allá de la realidad que ven todos los días», dijo en una entrevista. ¿Cuáles son a su entender los principales encargos, sociales o no, del cine?
Eso es muy importante para mí. Lo intenté hacer en películas como Sicario, Huelepega y El Don: intentar entender la realidad y meterme mucho más allá. Tratar de ver de qué manera esa realidad nos perturba como sociedad, y por qué existe. A veces me criticaban: mostrar esa realidad es negativo para América Latina, me decían. Yo creo que no. Las cosas hay que llamarlas por su nombre y el primer paso para resolver algo es saber que existe. Negar un problema es aumentarlo.
Ese es un rol que nos toca a los creadores. Pero lo interesante del cine es que sea plural y variado, y que de alguna manera refleje lo que somos, desde una comedia hasta un drama o un documental. Todo eso confluye en un testimonio de lo que somos, en los diferentes sitios, y de lo que nos está faltando, para empezar a ver muchas cosas entre todos. También juega un rol de reflexión sobre el propio ser humano en general. Por ejemplo, se puede ver a través del cine que a veces estamos asidos a elementos y cosas materiales que no valen mucho. Así, las cosas principales se distraen: crear una buena familia, la relación con un hijo o cómo lograr defender los momentos bonitos con un amigo.
Guionista, productor y director exitoso, ¿cómo se define hoy el multipremiado autor de Sicario?
Como alguien que está en el camino, tratando de seguir llenando espacios para, cuando mire hacia atrás, poder decir: el pasaje por este maravilloso mundo tuvo algún sentido. Siento que voy en ese camino y espero que mi futuro sea extenso, que me dé posibilidades de hacer muchas otras cosas, para ir complementando mi trabajo. Tanto mis películas anteriores como esta, forman parte muy íntima de mí. Alguien que no me conociera pudiera decir: este tema es diferente de los otros. Sin embargo, ambas cosas tienen muchísimo que ver conmigo. De alguna manera, soy un eterno viajero, que en el trajinar y el movimiento busca encontrar respuestas a las cosas.
Por Ivet González Lemes |
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Amazonia Films |
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Los distribuidores
de cine de Amazonia Films otorgan dos premios de Distribución, uno al
largometraje que obtenga el Primer Premio Coral de Ficción y otro
al que obtenga el Primer Premio Coral de Ópera Prima en el Festival.
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