Apenas arrancado el Festival y —con justificada urgencia— asistimos a una suerte de reverencia: las artes plásticas, en su calidad de representaciones estáticas, se unieron a la fiesta de la imagen en movimiento.
Asistimos, entonces, a la apertura de cuatro exposiciones que, aparentemente, no tienen una conexión directa —y efectivamente no la tienen—, pero sí un denominador común: el sentido de la belleza, la inteligencia, el talento, la necesidad del ser humano de poner acentos a partir del arte, la eterna indagación, la permanente búsqueda y, sobre todo, la necesidad constante de hacerse preguntas, de tener dudas.
Objetivo Fisahara llegó a La Habana comisariada por las españolas Sandra Maunac y Mónica Santos, quienes trajeron 21 telones en los que se han impreso fotografías de seis creadores: Per Rueda, Sergio Caro, Joss Barratt, Manuel Fernández, Javier Gil Dalmau y Casper Hedberg, y los realizadores Sergio Catá, Felix Piñuela, Javier Corcuera, y Fernando León.
Estos creadores asistieron a un Festival de cine (seis ediciones) que se efectúa al sur de Argelia donde radica, desde hace más de 30 años en calidad de exiliados, el pueblo saharaui. Esos artistas documentaron el evento y hoy arribaron a Cuba jirones de esa historia que relata —apoyándose en un vibrante texto del uruguayo Eduardo Galeano— la certeza de un presente incierto.
Tina Modotti, idea original de Alfredo Guevara, Presidente del Festival, y con la colaboración de la Asociación Hermanos Saíz, el Pabellón Cuba y la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, es una exposición verdaderamente inspiradora en dos sentidos: por la propia personalidad de la Modotti y por mostrarnos a un México profundo y nada folclorizado ni flocklorizante.
Las más de ochenta imágenes en blanco y negro que integran la exposición fueron tomadas en su mayoría por Tina, una artista transgresora, audaz, atrevida y lúcida que desafió su tiempo y se adelantó al que amó intensamente —en el breve lapso de solo cuatro meses—, a Julio Antonio Mella, captado con su lente para la memoria y quien fue asesinado el 10 de enero de 1929. Su obra, además de la ternura más exquisita, está llena de rabia, de inconformidad, de denuncia ante la desigualdad: la mujer, siempre en el centro. Tina Modotti es un canto a lo más humano del ser humano. La exposición fue resultado de un equipo de trabajo de la Casa del Festival de Cine y estrecho grupo de colaboradores. Dominica Ojeda, especialista de Comunicación del Festival de Cine realizó la investigación, curadoría y museografía.Contó con el diseño y ambientación del espacio expositivo por el artista Alain de la Cruz, la diseñadora Lénore Herrera y el Arquitecto Romar Herrera. La digitalización y restauración fotográfica fue realizada por el fotógrafo Juan Carlos Borjas y el material audiovisual que acompaña la exposición estuvo a cargo de Alian Hernández y Marian García. Ernesto Rancaño llegó al Festival de Cine con sus Abrazos prohibidos, una propuesta que se distancia un tanto de la estética a la que nos tiene acostumbrados este hacedor de mundos oníricos, de fantasías quiméricas y de ojos y miradas, francamente, desconcertantes.
Ahora Rancaño apostó por una aparente rudeza rodeada de ternura: estas piezas —realizadas en técnica mixta durante este año— constituyen un canto a la necesidad de la cercanía, a la importancia de compartir temores y certezas, perdones y distancias. Todas las figuras permanecen de espaldas, ninguna da la cara —a pesar de clamar por ser estrechadas— excepto la pieza titulada «Pasado imperfecto» en la que unas pupilas se clavan en nosotros y parecen decir: ¡cuidado, miren hacia atrás que ahí está la historia, de ahí nos nutrimos, de ahí venimos!
Con Un instante en la vida, Carlos Guzmán (Ciudad de La Habana, marzo de 1970) cual equilibrista, transitó sobre la cuerda de una figuración muy personal en la que hombres y mujeres, musas y animales se entremezclan en un discurso lleno de guiños y de asociaciones.
Guzmán, quien tuvo en la 31 edición del Festival la responsabilidad de concebir el cartel que identificó a la cita, con estas piezas —acrílico sobre lienzo y realizadas todas en el presente 2009— nos convoca a filosofar sobre la vida: ¿acaso a repensarnos?, ¿tal vez a sugerirnos que somos apenas un pestañazo?. Un instante en la vida, creo, reivindica con creces la magia de un momento, de “el momento”.
Un instante en la vida, Abrazos prohibidos, Tina Modotti y Objetivo Fisahara son, desde sus diversas estéticas y maneras de asumir el arte, un hermoso regalo al Festival, al tiempo que devienen vital complemento para entender las claves de este tiempo, nuestro tiempo.
Por Estrella Díaz |